En los campos de Palisade, donde crecen los duraznos y cerezas que nos llenan de orgullo cada verano, también florecen historias humanas que pocas veces se cuentan. Este agosto, durante el Festival del Durazno, invitamos a la comunidad a conocer una parte vital de nuestra región: las vidas, voces y cuerpos de quienes trabajan la tierra.
A través de un trabajo cercano con jornaleros agrícolas migrantes con visa H2A, en su mayoría provenientes de México, surgió una profunda reflexión sobre lo que realmente significa la cosecha. Más allá de la fruta, hay hombres y mujeres que dejan a sus familias por meses, que madrugan con el sol y que enfrentan calor, cansancio y distancia para que la temporada sea posible.
Durante la investigación realizada en campo, observando, conviviendo y escuchando a los trabajadores en su día a día, surgieron historias de orgullo y compromiso. Muchos de ellos trabajan no solo por necesidad, sino con la esperanza de darles a sus hijos una vida mejor. Para ellos, cada durazno no es solo un fruto, sino un paso hacia el futuro.
Lo que ocurre en estos campos no es solo una realidad aislada: afecta directamente al presente y al futuro del Condado de Mesa. Estos trabajadores temporales son parte de la base que sostiene la economía agrícola local. Su presencia, esfuerzo y conocimiento garantizan que la fruta que nos representa a nivel nacional llegue a tiempo y en condiciones óptimas. Sin embargo, su aporte suele quedar invisible.
La falta de reconocimiento público y social hacia los trabajadores H2A refleja una desconexión entre quienes consumimos los frutos del valle y quienes los hacen posibles. Esta brecha cultural y humana nos interpela a todos: ¿cómo construir un Condado más justo, informado y agradecido con quienes lo hacen prosperar?
Por eso, este año queremos invitarles a “La Fuerza de Palisade”, una exposición fotográfica y testimonial que se presentará del 15 al 16 de agosto en el marco del Festival del Durazno. A través de imágenes y fragmentos de entrevistas, podrán conocer de cerca las voces de quienes hacen posible la cosecha. Esta muestra no solo celebra la fruta, sino también a las personas. Porque detrás de cada durazno, hay una historia que merece ser contada.
Anahi Perea | Arqueóloga


