SECCION DE OPINION
ENTERATE LATINO
JULIO 2026

Luis Silva-Villar, profesor emérito de lengua y lingüística
La visita intempestiva de la presidenta de la Comunidad de Madrid a México le ha deparado un buen repelón. Las clases de historia no las da quien quiere, sino quien puede. Isabel Díaz Ayuso demostró en su estancia carecer de tacto o de buenos asesores. Todavía algunos se preguntan a qué fue a México. La respuesta oscila entre “a tomarse unas vacaciones pagadas” o “a huir de ser persona non grata en la campaña electoral de Andalucía (sur de España)”. Entiéndase: que le restaba votos al candidato oficial de su partido, el PP (Partido Popular).
Dejando de lado el segundo caso, que es indiferente para el lector americano, el primero parecería ser el que es. Pero no, porque empezó su viaje con el riesgo de acompañar a Nacho Cano en la promoción de su espectáculo Malinche. Aunque Malintzin ha sido ya reivindicada, tanto como personaje femenino como por su papel mediador entre España y el imperio azteca, no se olvida que optó por uno de los mundos.
La visita de Ayuso, por su comportamiento y resultado, sirve de ariete a un México derechizado hacia los populismos que pululan por la faz americana, tanto en Estados Unidos como en buena parte de América: Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, El Salvador…
Ir a México y mentar a Hernán Cortés no es la mejor manera de hacer amigos. Es un asunto de estado. Pero la presidenta Sheinbaum ha puesto el dedo en la llaga: ¿Existía México antes de la llegada de los españoles? La realidad de hoy es el juez inapelable.
Hernán Cortés, el elemento discordante, representa la unificación de los pueblos del antiguo México contra los aztecas. ¿Cómo explicarlo? Lo cierto es que no hay comparación con cuando el imperio romano entró en Hispania, que enfrentó a unos contra otros, aquí se enfrentó prácticamente a todos contra uno. No salió perdiendo el mundo mexicano, sino el azteca. Después es otra historia.
Carlos Fuentes lo vio diferente, propugnaba que debió haberse hecho una unión de todos contra el invasor. Hay que aprender la lección de que no se puede machacar a unos pueblos y después proponerles entrar a formar parte del mismo equipo. Lo acabamos de ver con Trump y Europa en Ormuz.
La pregunta correcta ahora es de mayor calibre: ¿por qué no estará unida toda la América hispana si están unidos todos los pueblos de México? Y lo decimos porque, si el manto cultural une, los intereses deberían lógicamente ser comunes también.
Por ello, el futuro no depende tanto de si México existía antes de la llegada de España, que es incuestionable, sino de si México tiene la voluntad de ponerse al frente de un Nuevo Mundo hispano universal.
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