El delegado de la FIFA en la conferencia de prensa anterior al partido de balompié entre Brasil y Marruecos prohibió al periodista mexicano Rodrigo Ornelas de TV Azteca hacer preguntas en español al marroquí Achraf y al brasileño Vinicius. Algo similar ocurrió con el holandés De Jong, y podría haber ocurrido con el japonés Kubo, de haberse dado la circunstancia. Se justificó por necesidades logísticas: no había previstos intérpretes de español.
Las directrices de la FIFA tenían programados intérpretes de portugués, árabe marroquí, e inglés, abarcando a las selecciones respectivas, e incluyendo al inglés como lengua “de oficio”. Sorprende la imprevisión con el español en tanto cuanto México es uno de los países organizadores y en EE. UU. el español es la lengua más hablada tras el inglés. De hecho, probablemente EE. UU. es la segunda patria de la lengua española por el número de hablantes.
Los efectos no se hicieron esperar, en menos de 24 horas un portavoz de la FIFA hizo saber que se permitiría el español. Kyle Bonn de Sporting News así lo confirma.
Solo en España hay un 40 por ciento de jugadores extranjeros de los que el 25 por ciento proceden de países en que el español no es lengua oficial, unos 130 o 140. Se espera que sean buenos y estén en sus selecciones en el mundial muchos de ellos, y se espera que se comuniquen en español en sus clubs. En la liga mexicana el equivalente sería de 50 o 60. Estamos hablando de cientos de jugadores en el mundial que tienen el español como lengua no nativa. Todos ellos quedarían fuera de la lógica FIFA.
El cambio de criterio no esconde que los preparativos no proceden de un comité que estudia las necesidades del aficionado, sino de una decisión “desde arriba” en la que no interviene la objetividad informativa. Recuerda al caciquismo de la FIFA y su estructura de negocio. El pasado mundial de Catar fue un ejemplo palpable del poder del dinero por encima de los intereses del aficionado.
El peso específico del mundo hispano en el campo del futbol, también fútbol, hace que el caso sea más penoso. El actual campeón del mundo es Argentina. De un total de 22 campeonatos, 10 los ganaron países de habla española o Brasil. En comparación, solo un país de habla inglesa ha ganado el campeonato: Inglaterra, en 1966.
El ninguneo al español es el catalizador de este resbalón de la FIFA que hace que se le vean las entretelas. El Premio de la Paz de la FIFA dado a Trump antes del mundial indica lo oportunista y desacertado de sus políticas deportivas.
Luis Silva-Villar, profesor emérito de lengua y lingüística


